Me pregunto cuál es la necesidad de
abrir este espacio, qué es lo que deseo hacer aquí o cuál es el objetivo de
escribir. Quizás no lo debiera hacer, digo, el preguntar por el objetivo.
Quizás al conocer la finalidad de los actos se pierde algo de la magia propia
del descubrimiento, de la sorpresa. Lo hago, sin embargo, para aclarar las
ideas o al menos emprender este camino desde una base sólida, o quizás sólo
para calmar mi ansiedad.
Hace tiempo he deseado tener un lugar donde encontrar – guardar, compartir - algunos textos de cine que he estado escribiendo en los últimos años, sólo con el objetivo de verlos ordenados y permitir su público acceso. Veo archivos y carpetas guardados en mi computadora, ocultos de algún lector o lectora que pueda llegar a interesarle y lo siento como un desperdicio, porque entiendo (comienzo a entender) que el acto de creación concluye una vez que alguien recibe lo creado, en ese momento se cierra el círculo, cuando llora el bebé en el mundo, cuando se abre la flor, cuando el oído escucha la nota, la mente entiende el lenguaje o el ojo mira el encuadre.
Pienso que a alguien puede interesarle (y hasta gustarle) lo que yo escribo, pienso que puede ayudarme a mí, a la comprensión y expresión de mis propias ideas, y que también es una forma de ejercicio, escribir y publicar, ser leído, releer, corregir. Lo veo como una práctica que fortalece, que ayuda. Se trata de una manera de salir de lo pasivo hacia una instancia de mayor dinamismo y actividad, de mayor riesgo. Escribir sabiendo que alguien leerá lo escrito es exponerse. En la exposición se imprime la luz de lo real y se conserva en el tiempo. Es como una forma de verse, en las sombras que dejan las letras, en esas sombras del tiempo y en sus luces también.
Y pienso en qué aporte puedo hacer yo a la escritura, al cine, a la música, ¿a los blogs?, ¿al internet? ¿a qué? No sé para quién se debe escribir, creo que al fin y al cabo es sólo para uno mismo. ¿Y es necesario hacer algún aporte? No lo creo. Los espacios están disponibles y en estos tiempos hay tantos espacios como personas, tantos discursos como pantallas. Es muy posible que estas palabras sean una gota más en el gran océano de información que nos ahoga hoy día. Deseo que las gotas que yo pueda sumar sacien la sed de alguien, y al menos, espero siempre, la mía.
Por eso pretendo que el objetivo de este blog sea aportar a mi propia capacidad
de escritura, a mi propia búsqueda de comprensión del arte y del mundo. El objetivo
es reflexionar sobre ello, sobre lo que sucede cuando alguien vive y siente el
deseo de escribir su mundo, de encontrar sus empatías, sus aspiraciones y
referencias.
Se intentará comprender algo del mundo
a través de la práctica artística de otros, esperando que eso impulse la propia
práctica. En ese intento nace esto, Kinosophia, ocupando algunos bits olvidados
de la mega red. Inevitable será que en estas páginas aparezcan puras
subjetividades, pero justamente eso es lo que hará más rico
este espacio. Cuando alguien se arrime para observar este espectáculo
totalmente personal, íntimo y contradictorio, y decida intervenir - lo que ya
sólo con la lectura sucede - podré comprender mejor mis propias creaciones, mis
actos e ideas. Quizás en ese momento sepa cuál es el objetivo de escribir.


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