CASA PROPIA (2018)
Rosendo Ruiz
Casa Propia nos
presenta a un hombre humillado que, frente a un grupo de jóvenes cordobeses que
están tomando fernet, jugando a la pelota y organizando la salida de esa noche
en la vereda, debe rogarle a su novia el ingreso a la casa. Gustavo Almada es ese hombre que
aparece detrás de los jóvenes, quienes se burlan de él cuando abre nuevamente
la puerta y sale, esta vez con sus pertenencias y el grito de su novia de fondo
diciéndole que no vuelva nunca más.
El
personaje que interpreta de una manera excelente Almada es un profesor de literatura de una escuela secundaria que
está alcanzando los 40 años y eso lo lleva a atravesar una crisis existencial
que lo mantiene abatido. A pesar de sus esfuerzos como docente y de su
constancia en el trabajo, vive una situación precaria y sus días son tristes y
monótonos. No encuentra un lugar propio, un refugio, una casa en la cual ser
feliz. Aún vive con su madre que padece de un cáncer pulmonar y que no hace
otra cosa más que ponerlo nervioso, mientras que la relación con su novia se
está desmoronando lentamente. Será un nómade durante toda la película, yendo y
volviendo a las distintas casas a las que tiene acceso, de acuerdo a su comportamiento
y relación con el dueño. Sus días serán
penosos y lo veremos en las distintas y difíciles situaciones cotidianas que
debe experimentar y que alimentan la infelicidad en la que vive. Jamás lo vemos
esbozar una sonrisa y no es posible que exprese gestos y palabras cariñosas
hacia quienes lo rodean. Con su novia mantiene una esporádica y conflictiva relación
cargada de impotencia y confusión, mientras que su madre le grita con orgullo
que pronto se morirá para dejar de molestarlo. Las otras y pocas relaciones que
este personaje mantiene tampoco le traen gran alegría. Por un lado su hermana
está siempre ocupada y no lo ayuda a cuidar a su madre y por otro un amigo de
la infancia, con quien ríe por momentos, logra el éxito literario que él hubiera
querido. Todas las situaciones que debe vivir lo mantienen desanimado y
acumulando y reprimiendo una serie de comentarios y gestos que muy pronto
explotarán.
La
última película de Rosendo Ruiz se
sostiene en personajes cotidianos, normales y comunes, que deben vivir
situaciones rutinarias y vulgares mientras lidian con los inconvenientes del
día a día. Los conflictos familiares y amorosos se entremezclan con la búsqueda
de un lugar en el cual establecerse, un lugar de pertenencia, en donde uno se
sienta a gusto consigo mismo y con su entorno. A pesar de los conflictos que
debe atravesar su protagonista Rosendo
Ruiz logra que éste encuentre su propio refugio, su propia casa. En esa
esencia de lo cotidiano, en la pureza de lo común, Ruiz encuentra el sustento de su película y construye con ello un
relato sólido e inteligente, con excelentes interpretaciones y convincentes
situaciones.


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